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jueves, 4 de diciembre de 2014

A mi hijo no le gusta la fruta, ¿qué hago?


La fruta debe ser uno de los alimentos más importantes de la dieta del pequeño, ya que además de ser muy beneficioso para evitar enfermedades de carácter cardiovascular también puede prevenir la diabetes y ante todo, la obesidad infantil. Pero en este punto hay padres que se encuentran con un problema, ya que a sus hijos NO les gusta la fruta.

Aun así, hay opciones para hacer que los pequeños finalmente tomen fruta, echando mano de la imaginación. De este modo, será muy importante que se estimule al pequeño para que la coma, y una forma sencilla de hacerlo es el hecho de que tenga piezas de fruta siempre a la vista en la cocina, en la mesa, en la nevera y en casi cualquier sitio.

Hay muchas opciones para hacer que al niño le guste la fruta

Cualquier día el pequeño puede sorprender a sus padres diciendo que quiere probar o comer fruta porque quizás, que al tenerla tan presente, acabe, como dice el refrán, entrándole por los ojos. Además también es cierto que los padres tendrán que pensar y ponerse en el lugar del pequeño, ofreciéndole frutas más atractivas como las fresas, melocotones, peras, manzanas… y no otras, que llaman menos la atención como es el caso de las ciruelas, por ejemplo.

Otra opción será presentar de diferente forma la fruta o mezclarla con otros ingredientes, para que poco a poco el pequeño vaya acostumbrándose a su sabor. De este modo, si rechaza la papilla, se puede optar por cocer un poco las frutas para que sean más sencillas de comer y ofrecérsela de este modo. Sin embargo, será importante ir aumentando progresivamente la cantidad de fruta fresca en relación a la cocida. De este modo, al principio habrá más cantidad de fruta cocida que fresca pero se irán cambiando las cantidades, ya que al cocerla, pierde muchas vitaminas, tan necesarias para el crecimiento y el desarrollo de los pequeños.
No hay mejor consejo para que al niño le guste la fruta que este: ‘los padres deben de dar ejemplo’

Otro truco será añadir leche a la papilla de frutas y sobre todo al principio, es decir, una cantidad abundante para que la papilla quede diluida y le parezca una comida nueva. Así, sabrá más a leche que a fruta y el pequeño no rechistará porque está acostumbrado al sabor de la leche. Una vez esté habituado, se le irá añadiendo más cantidad de fruta y reduciendo la leche, para que se adapte al nuevo sabor muy poco a poco, sin que suponga un cambio brusco que seguro que detectarán sus papilas gustativas.

También puede resultar una buena opción añadir, en vez de leche, cereales. De este modo, se le echará a la papilla de frutas los cereales que el niño tome habitualmente. De este modo, notará ese sabor y puede que le guste. Aún así, al igual que antes, se le irá quitando cantidad de cereales, hasta que el niño acabe comiendo su puré de frutas.

Sin duda, la presentación de este alimento puede ser decisiva para que el niño la rechace o no, sobre todo conforme va siendo un poco más mayorcito. Y es que hay casos en que no quieren la papilla de frutas, y en cambio, sí que se comen una ensalada fresquita con frutas variadas. El hecho de ver cada una de ellas cortadas a trocitos, con un color diferente, en un bol de colores… puede hacer que acabe por llamarle mucho la atención. Además, si se toma de postre o de merienda, por ejemplo, podrá añadírsele un poco de helado.

Y es que estas estrategias no harán más que habituar al pequeño al sabor de la fruta, ya sea, mezclándola con otros sabores o presentándola de tal modo que resulte apetecible para ellos.

Foto: Flickr
Referencias: Wikipedia | Medline


Comidas y cenas para los niños


Es imprescindible que los pequeños sigan una dieta equilibrada, que contenga todos los nutrientes necesarios para su desarrollo y crecimiento. De este modo, será importante que los padres organicen un menú para que sus pequeños nazcan sanos y fuertes.

De este modo, será necesario que se organice un plan alimenticio que incluya todos los aportes nutricionales necesarios. Así, los expertos indican que, en esta dieta, deben predominar los hidratos de carbono, representando un 50 ó 60 % del aporte calórico del pequeño, mientras que las proteínas representarán el 10 ó 15% y las grasas, el 25 ó 35%.

La dieta mediterránea es la ideal para cualquier niño

Es conveniente que dicho menú se realice de tal forma que haya variedad y que también se incluyan productos que sabemos que les gustan a los pequeños de la casa. También será importante desarrollar dotes de creatividad para conseguir que coman aquello que realmente no les gusta. De este modo, antes de acudir al supermercado, será útil que los padres elaboren una lista de la compra con todo lo necesario para cumplir estos requisitos. En el caso de que los pequeños coman en el comedor del colegio, será importante que los padres sepan qué comen para intentar no repetir y para controlar qué alimentos comen.

De este modo, habrá que incluir productos de todos los grupos de alimentos, ya que cada uno, aportará un componente fundamental para una alimentación correcta. De este modo, habrá que asegurarse de que se incluyan alimentos ricos en calcio, hierro, vitamina C, vitamina A, ácido fólico y vitamina B. Así, será importante que tomen leche, así como yogures y quesos, que les darán un importante aporte de calcio, fundamental para el desarrollo y crecimiento de los huesos. Las verduras cocidas y las frutas serán las encargadas de aportar las vitaminas necesarias para el pequeño, mientras que para el consumo de hierro, será conveniente incluir en dicha dieta carnes de res, de aves, pescado, así como cereales y legumbres. Tampoco faltará el pan, la pasta, las patatas, judías, lentejas o frutos secos, que son ricos en hidratos de carbono, así como los huevos, ricos en proteínas.

Organización y horario de las comidas

Aún así, y una vez destacados los alimentos que no deben faltar, también será importante organizar las comidas. El desayuno deberá ser uno de los momentos fuertes del día, ya que el pequeño, sobre todo si va al colegio, gastará mucha energía y necesitará recargar las pilas a primera hora de la mañana. En cuanto a la comida, también es un momento fuerte del día y sin duda, se intentará combinar los tres tipos de nutrientes. Del mismo modo, será conveniente que las cenas no sean copiosas, ya que, si comen en exceso por la noche, tendrán digestiones pesadas que acabarán alterando su sueño.

De este modo, también será importante seguir un horario en las comidas, para controlar de esta forma su apetito y, para así también evitar malos hábitos como el picar entre horas, momentos en los que se suele abusar de las grasas que suelen ser tan atractivos para los pequeños.

Foto: Flickr
Referencias: Wikipedia | Medline


La nutrición en el crecimiento y desarrollo de los niños


Hay niños altos, bajitos, de tamaño medio… El hecho de que uno sea más alto que otro está determinado en gran medida por la herencia genética y esto es algo que no cambia fácilmente. Pero no hay que desdeñar el valor que tiene la alimentación en el proceso de crecimiento infantil.

Comer mucho no va a hacer que un niño más bien bajo llegue a ser un Gasol pero si ese mismo niño no se alimenta bien y tiene carencias nutricionales seguramente se quede más bajo de lo que debería. Por eso hay que prestar especial atención a la dieta de los más pequeños de la casa.
El crecimiento del niño no es sólo en altura: hay más parámetros que se deben estudiar

Al hablar de crecimiento no nos referimos solo a la altura, aunque este parámetro sea el más evidente. El niño crece y se desarrolla en todos los sentidos, no solo sus huesos y músculos experimentan cambios, su mente y sus emociones están en continuo desarrollo y para que ese desarrollo alcance todo su potencial es necesario dotar al organismo del niño de todos los nutrientes que precisa.

La base de una alimentación sana no es comer mucha cantidad sino tener presentes en la dieta diaria alimentos y nutrientes de todos los grupos, esto es, carbohidratos, frutas y vegetales, proteínas, lácteos, grasas y azúcares. Hay que encontrar el equilibrio justo para dotar al niño de lo que precisa, no hay que abusar de las grasas y azúcares pero tampoco se pueden suprimir de la dieta ya que entre otras cosas contienen mucha energía que el niño necesita, al consumir grandes cantidades de la misma en su vida diaria.

Podemos pensar que si nuestro hijo no está gordo o si crece de forma adecuada no existe ningún problema nutricional, pero estos no son indicadores suficientes, puede que haya carencia en algún grupo de alimentos y esto le vaya a traer consecuencias posteriores. Si tenemos alguna duda acerca de si la alimentación de nuestro hijo es adecuada siempre podemos consultar al pediatra o a un nutricionista, de todas formas si el niño toma alimentos de cada grupo nutricional no tiene que haber problemas.

La educación del niño respecto a la alimentación sana y equilibrada es esencial

Si es importante una dieta balanceada, también lo es que el propio niño entienda lo importante que es llevar una alimentación sana. Para ello habrá que educar su paladar desde el principio creando bueno hábitos alimenticios. Por ejemplo, muchas veces los padres no ofrecen todo tipo de verduras a sus hijos porque a ellos no les gusta, después cuando intentan introducirlas ya es demasiado tarde.

La distribución de las comidas es otro de los factores a tener en cuenta para que la nutrición sea la herramienta efectiva que debe ser en el desarrollo infantil. Se recomiendan cinco comidas al día, siendo el desayuno una de las más importantes, lo completarán el almuerzo, la comida, la merienda y la cena, esta última es mejor que no sea demasiado copiosa a fin de favorecer el descanso del menor.

Por último todo este proceso de adquisición de nutrientes será mucho más efectivo si se combina con la realización diaria de ejercicio físico.

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Referencias: Wikipedia | Medline


La alimentación para el correcto crecimiento en la pubertad y la adolescencia


El crecimiento tiene un claro componente genético, pero factores como la alimentación son mucho más influyentes de lo que podemos pensar en lo que al desarrollo del niño se refiere. A la hora de buscar las causas de un retraso en el crecimiento o de un problema de talla, la nutrición es uno de los primeros parámetros a tener en cuenta, aunque existen otros que veremos a continuación.

Antes de nada hay que valorar si realmente el niño tiene un problema de crecimiento, hay ocasiones en que esta talla baja se debe simplemente a un retraso general del crecimiento, aunque el niño es pequeño para su edad está creciendo a una tasa normal. Ocurre que la pubertad a veces se demora y estos niños seguirán creciendo una vez el resto de compañeros ya haya parado, alcanzando una estatura normal. Otro de los motivos por los que un niño presenta una talla baja es como decíamos arriba los genes, si los padres o uno de ellos es bajo el niño es probable que también lo sea y si no hay ningún problema de salud no hay porqué preocuparse.

Problemas de talla baja y de retraso en el crecimiento en niños

Pero hay ocasiones en que la talla baja se debe a otro tipo de factores, son muchos los problemas de salud y las afecciones que pueden provocar este retraso. Entre ellas destaca la desnutrición, deficiencias en la hormona del crecimiento, trastornos óseos o esqueléticos, infecciones en el feto antes de nacer, enfermedades crónicas como una cardiopatía o la diabetes, y trastornos genéticos.

Si el niño padece o ha sufrido alguna de estas enfermedades es muy probable que ahí esté la causa de su baja estatura, en todos los casos es necesario consultar con el médico. También debemos consultar si no hay causa aparente y el niño no crece como debería, en este caso el facultativo realizará una serie de preguntas a los padres a cerca de sus antecedentes y hábitos de vida, cuestionario que se completará con pruebas médicas con las que determinar a qué es debido esa talla baja.

Diagnóstico de problemas y retrasos en el crecimiento

Una de las pruebas más comunes es la radiografía de la edad ósea, el tamaño y la forma de los huesos van cambiando a medida que una persona crece por lo que la radiografía nos mostrará si los huesos del niño han cambiado y madurado o no. Otra prueba habitual es el examen de estimulación de la hormona del crecimiento.

En lo que respecta al tratamiento este va a depender de la causa que haya motivado esa baja estatura, en general lo que más necesita el niño bajito es apoyo emocional ya que su tamaño suele afectar a su autoestima debido a que a menudo suelen ser fastidiados por sus compañeros debido a su altura. Más allá de este necesario apoyo uno de los tratamientos más utilizados es el de la hormona del crecimiento, al niño se le suministran inyecciones de la misma para favorecer el crecimiento, aunque esto solo será posible en determinados casos.

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